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domingo, 23 de septiembre de 2012

Oporto con Nueces

Ha sido una pequeña escapada, un aventurilla sin destino, para desembocar sin ninguna expectativa   concreta en la ciudad de Oporto (Portugal), para descubrir una ciudad bella y decadente, con historias en sus muros azulejados que nos hablan de un pasado de esplendor olvidado.

Sin agencias de viajes que programen tus día y tus estancias, es divertido llegar y buscar alojamiento. Sin necesidades extremas y grandes lujos, hallamos un hotelito, que indiferentemente de lo que te ofrece, guarda pequeños tesoros frente a sus ventanales.

Descubrir una arquitectura singular, sin ser entendida en el tema, ha sido un gran placer, un aspecto cultural  de la ciudad que me mantuvo con los ojos ávidos de sus imágenes.

Y la grandeza de ese río Duero que traza la frontera entre pueblos, dejando en sus "rivieras", el producto de su contínuo fluir, traducido en miles de turistas que hormiguean al igual que yo misma, buscando descubrir la ciudad y sus misterios.

Está teñida de azul por doquier, dentro y fuera de los muros, belleza que asombra al extranjero por su naturalidad en el acto de permanecer...

No soy una buena fotógrafa, no tengo una gran cámara y ni idea de cómo hacer buenas perspectivas, pero no podía dejar de enfocar a ese puente en la "ciudad de los puentes" diseñado por un discípulo del famoso Eiffel...

Y cruzar, sin apenas mirar hacia abajo, porque el vértigo que me producen las alturas me domina, ¡ea!, pero sin cobardías...

Para darse un capricho en un lugar histórico, con ese aire de la Belle Epoque, romántico, por el que se pasean fantasmas del pasado para compartir y paladear un vino con nueces, placer al que me podría acostumbrar y costumbre que procuraré conservar para ocasiones especiales...

Por supuesto visitar los edificios de rigor como catedrales, monumentos y plazas...

Sin duda me quedo con la vida tras los balcones, cientos de ellos, muchos en ruinas, olvidados por una gestión que carece de medios para conservar su patrimonio cultural en buen estado, callejuelas que se vuelven peligrosas al caer la noche, de la que surgen los parias olvidados por el mismo sistema que ha olvidado tantas otras cosas...

Observar las barcazas que antaño surcaban el río, los rabelos,que rememoran con su silueta las embarcaciones milenarias, portando las uvas, mosto y el vino que hicieron de este, un lugar especial, tanto... como para que la UNESCO, declarase a esta ciudad singular, Patrimonio Nacional De la Humanidad...

Cae la noche,las siluetas  me despiden, me llevo un pedacito en la maleta y en el corazón...

3 comentarios:

  1. Escapada de fábula y si encima lo describes de la manera que tú lo haces, con ese toque de magia...¡Voilá! ¡Ya me siento allí!
    Una ciudad maravillosa y por cierto...en la foto de la ventana estás "de cuadro"...vamos como la muchacha en la venta de Dalí pero en Oporto...¡Sería un gran cuadro! Ya sabes que no lo puedo evitar...^_^

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  2. Qué lugares! Parecen de fantasía para mi, me cuesta creer que existan lugares así.
    Besos.

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  3. qué fotos tan bonitas, Beth. Oporto es uno de esos lugares que tengo en mi lista de pendientes de visitar.

    Gracias por compartir tan lindo post con nosotros ^__^

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